Caravana de heroes
Caravana de heroes Pronto le envolvió la noche, fría, estrellada y silenciosa. El ancho camino era tan frágil para sus penetrantes ojos como si brillara el sol. Corría poco riesgo de encontrar indios después del oscurecer. En la tierra blanda y pulverizada por innumerables ruedas y cascos, los de su caballo no hacían el menor ruido. Con su pasión aumentada por el ánimo que recibía de la fidelidad de May Bell, con todos sus sentidos alerta, las horas no eran nada. Conocía los abrevaderos y cerca de la mañana se detuvo en uno y dejó beber con moderación a su caballo. Al amanecer se detuvo en un bosquecillo de cedros; descargó y desensilló al animal y le ató con una larga cuerda donde la hierba era más espesa. Luego, sin encender fuego, hizo su frugal comida y después se escondió en un matorral y se durmió.