Caravana de heroes
Caravana de heroes —Lo han hecho en el pasado. Pero son cada dÃa más desconfiados y rencorosos y tienen razón. Yo no quiero a los indios. He perdido a mi padre, a mi madre y a mi tÃo, todos a manos de los indios. No les reprocho. Ésta es una confesión dura. Le diré qué es lo que hace rencorosos a los indios. En la primavera pasada, una pequeña caravana de veintidós carros salió de aquÃ, esperando estar en el Paso de Cimarrón en tres dÃas. Algunos Kiowas llegaron al campamento, dieciséis en total, que tenÃan hambre. Esos viajeros, que no eran acarreadores, se negaron a darles de comer. Los Kiowas se alejaron y uno de los conductores disparó sobre un indio por fa espalda y le mató. Los Kiowas se detuvieron, recogieron a su compañero muerto y se fueron sin decir una palabra. Aquella noche, un gran número de ellos asolaron el campamento, mataron a la gente, quemaron los carros y se llevaron el ganado. Seis dÃas después algunos cazadores que bajaban de las montañas hallaron loas aros de fas ruedas de los carros y veintidós hombres mutilados. Vinieron corriendo aquÃ, a Larned, a dar cuenta de la matanza. El coronel envió un destacamento de soldados, pero los Kiowas no pudieron ser hallados.
—Bien, Belmet, ése es el otro aspecto de la cuestión, y un aspecto muy negro —replicó Custer con tristeza.