Caravana de heroes
Caravana de heroes —Lo siento, George. La frontera es un mal lugar. Ya sé lo que usted siente. Cuénteme cómo ha ocurrido. —TenÃamos varios vecinos que querÃan venir a Kansas. Mi gente no tenÃa muchas ganas de moverse. Nos iba bien en la hacienda, pero convencieron a mi padre, y mi padre convenció a mi madre. Cargamos carros y partimos. HacÃa frÃo y mi madre enfermó. El Mississipà estaba helado y lo tuvimos que atravesar sobre el hielo; yo la pasé andando y me senté en un leño a tocar el acordeón. Los seis carros empezaron a cruzarlo; el nuestro era el último y el más pesado. Una de las ruedas rompió él hielo, y nuestros caballos, asustados y luchando, lo rompieron también y se hundieron en el rÃo, arrojando a mi padre y a mi madre en el agua frÃa. Los demás los sacaron, pero sus vestidos se habÃan helado sobre ellos antes de que llegasen adonde yo estaba. Encendimos fuego y acampamos allÃ. Perdimos todo lo que poseÃamos. A mà me quedó este instrumento… Mi madre murió aquella noche… Mi padre se afectó mucho…, le oÃa llorar por la noche en el carro… Y murió a los tres dÃas. Los vecinos que nos habÃan convencido de que viniéramos me abandonaron en Kansas City. Yo no tenÃa ni un céntimo y tocaba el acordeón para ganar algo que comer, y los acarreadores me trajeron con ellos.
—¡Bien! ¡Bien! ¡Eso es una historia! —dijo Clint, perplejo y conmovido—. Venga usted a comer conmigo, George.