Caravana de heroes
Caravana de heroes ¡Bum! Rugió el cañón de Ben Ireland. Un grupo de indios que se acercaba al carro detenido osciló como sacudido por un fuerte viento y se deshizo. Caballos sin jinetes escaparon desbocados por la pradera.
El terrible estruendo de los aullidos de las indios, que sólo dominaba el estampido del cañón, ganaba la cabeza de la caravana. Clint conducía mirando hacia atrás. De repente se metió las riendas anudadas bajo una pierna y requirió uno de sus rifles. El carro que hacía octavo, detrás del suyo, había sido detenido; una yunta de bueyes y el conductor habían desaparecido. El noveno, tratando de salvar el octavo, se detuvo con caballos muertos; los carreras echaron a correr. Los indios se concentraron allí, moviendo los caballos de un lado para otro.
Clint detuvo sus caballos y empezó a disparar a un lado y a otro. Su acción detuvo la cabeza de la caravana.
Los siete carreros que venían detrás de él y los de los carros caídos siguieron su ejemplo y abrieron un fuego mortífero. Desde una docena de carros más atrás se hicieron asimismo fuertes descargas sobre los jinetes que se agrupaban. A cada lado de la caravana, los indios aumentaban en valor y fiereza, locos en su sed de sangre, osados hasta la destrucción. Si derribaban algunas yuntas más, habrían roto el orden de la caravana.