Caravana de heroes
Caravana de heroes El búfalo detuvo la marcha. El inmenso rebaño emigrando hacia el Norte rodeo la caravana, la cortó por varias partes y por fin la obligó a detenerse.
Los acarreadores se apresuraron a aprovecharse de la oportunidad. La carne de búfalo era su plato favorito, y la tendrían de cena aquella noche, si podían llegar a un campamento. Mediada la tarde, el rebaño se aclaró.
Clint Belmet nunca se cansaba de mirar a los búfalos. La impresionante vista de su primer toro, el frío de su médula cuando Dick Curtis le dijo al oído que disparase sobre el monstruo, el tremendo culatazo que le dejó tendido, y la emoción de ver a la enorme bestia negra y lanuda en el suelo, eran impresiones juveniles que no se habían atenuado con los años y volvían siempre que veía búfalos. ¡El estruendo atronador de sus pezuñas! ¡El sudario de blanco polvo de la pradera! Los búfalos, ahora tan numerosos como las hierbas de la llanura, sólo serían un recuerdo algún día. Clint lo comprendía así.