Caravana de heroes
Caravana de heroes A las tres de la mañana, Belmet y Hatcher entraron con sus caravanas en los oscuros pastos al pie de Point of Rocks, completando la jornada más larga que ninguna de las que habían hecho jamás. Los bueyes la resistieron, pero los caballos estaban exhaustos. Se formó un doble círculo de carros, con dos estrechas salidas, una frente a otra, dejando sólo unos pocos acres de hierba dentro. Se dio de comer grano a los caballos, siempre reservado para los casos, extremos. Los bueyes se dejaron sueltos dentro del corral. Se despacharon exploradores por todos lados y Clint Belmet fue con Henry Wells a echar una mirada al río. Todo estaba oscuro en la arboleda de la conjunción de las dos corrientes, y a lo largo de cada una de ellas. Pero ni a Belmet ni a Wells les gustaba aquella oscuridad. Esperaron afinando los oídos, tratando de sorprender ruido de perros o de caballos indios. Un lobo solitario aulló y una lechuza lanzó su grito fúnebre. El viento murmuraba en las hojas de los algodoneros, mezclándose al susurrar del agua de la corriente.
Amaneció. Los; venados se metieron entre las espesuras. Los búfalos, cruzaron los arroyos para subir al llano. Wells se volvió adonde Belmet estaba sentado.