Caravana de heroes
Caravana de heroes Y está asà muy bien hecho —dijo uno de los que escuchaban—. Pero no tardarán en arriesgarse otra vez. El Paso del Apache no ha visto aún la última matanza. El mismo Kit Carson me lo ha dicho.
A su debido tiempo volvieron los exploradores con el informe de que el camino estaba libre y que podÃa cruzarse el Paso sin peligro, y la caravana continuó su marcha. Clint abrió bien los ojos. El Paso del Apache era una tortuosa cortadura entre las montañas negras y amarillas, casi misteriosas. El arroyo se desbordaba por encima del camino. Clint se imaginó la escena de la matanza, y cuando salió del desfiladero estaba bañado en frÃo sudor.
Más allá del Paso, el camino ascendÃa por bellas laderas de hierba gris, casi plateada, por entre los grupos aislados de cedros y espesos y oscuros pinares. Venados y antÃlopes trotaban a la vista. Rocas gigantescas se alzaban aquà y allá; una bandada de pavos silvestres, indiferentes al paso de la caravana, moteaba la llanura gris. De las alturas soplaba la brisa y los cuervos volaban contra ella como si jugasen.