Caravana de heroes
Caravana de heroes —¿Españoles? Son blancos, por supuesto —replicó Clint, pensativo—. Me parece que los blancos están pagando un precio terrible por el Oeste.
—Tienes razón, Búfalo. Pero cualquier viejo llanero como yo te dirá que aún no hemos empezado a pagar lo que nos costará.
Las Vegas era una ciudad tan agitada, que el padre de Clint no le dejó mucha libertad, especialmente por la noche. Entre Las Vegas y Santa Fe habÃa dos estaciones San José y Barrell Springs. La atmósfera española y el colorido de Santa Fe fueron maravillosos para Clint, que apreció la relativa quietud de esta vieja ciudad.
La caravana descargó aquà y luego se alejó varias millas para establecer campamento de invierno al lado del rÃo, donde tenÃan agua, pastos y madera.
—Tenemos para más de seis meses, hijo —anunció Belmet—. Tendremos que trabajar, desde luego, pero estoy preocupado por tu escuela.
—Tengo algunos libros; estudiaré en ellos y si tropiezo con alguna dificultad, tú me podrás ayudar.
—Yo no soy ninguna lumbrera tampoco. Pero quizás haya en el campamento alguno que lo sea.
—¿Y qué hay de caza? —preguntó Clint con ansiedad.