Código del oeste
Código del oeste «Bueno; la cosa no tiene remedio» —pensó con aburrimiento, cogiendo de nuevo la carta para leerla otra vez—. Georgiana está ya en camino… llegará a Globe el dÃa nueve. Vamos a ver… ¡Santo Dios!… mañana… martes. El coche-correo parte de Globe el miércoles. Mi hermana estará en Ryson alrededor de las cinco de la tarde. Y a mà me es imposible faltar de aquÃ. Tendré que enviar a alguien a recibirla… ¡Mi querida Georgie, con sus rizos dorados, tan lindos!…
La señorita Stockwell parecÃa dividir su atención entre la repentina responsabilidad que le caÃa encima y el tierno recuerdo de su hermana. ¿Qué harÃa con ella? ¿Cómo tomarÃan los Thurman semejante visita? Georgiana habÃa tenido antes el aspecto de un ángel, pero, a juzgar por las noticias que de ella daba su madre, los hechos desmentÃan crudamente la angelical apariencia.
La perpleja maestrita volvió a leer aquella parte de la carta que tanto le chocó y la trastornó, allà donde decÃa: