El Caballo de hierro
El Caballo de hierro En 1865, una brigada de ingenieros realizaba en los cerros de Wyoming, una labor tan azarosa como problemática. Su misión era estudiar el trazado del ferrocarril «Union Pacific».
La brigada, bajo la escolta de una compañÃa de soldados de los Estados Unidos, al mando del coronel Dillon, habÃa hallado dificultades punto menos que insuperables, y ahora, luego de penetrar en los selváticos cerros hasta la vertiente oriental de las Montañas Rocosas, les detenÃa una barrera, al parecer infranqueable…, un desfiladero o garganta demasiado profundo para cegarse y demasiado amplio para ser salvado por un puente.
El general Lodge, ingeniero jefe de la expedición, dio una orden a uno de sus ayudantes.
—Encargad al joven Neale del asunto. Si logramos las coordenadas de este maldito lugar, a él se lo deberemos.
El ayudante, Baxter, transmitió la orden a un irlandés que tenÃa al lado, fumando una pipa negra y corta, diciéndole que buscase a Neale y se lo comunicase. El irlandés Casey era un sujeto duro de facciones, bermejo el rostro, curtido a todos los incidentes de una vida ruda y violenta, pero con una expresión de perpetuo buen humor, como si, por accidente, sus rasgos fisonómicos hubiesen quedado inmovilizados en un instante de hilaridad. Quitándose la pipa de entre los dientes, dijo con manifiesto acento irlandés.
