El Caballo de hierro

El Caballo de hierro

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XXI

En los días precedentes al de paga, Benton parecía moderar su loca carrera, quizá para prepararse mejor al gran evento. Solamente las salas de baile y los garitos mostraban alguna actividad y, aun en ellos, la diferencia era notoria.

El más agitado lugar eran los muelles del ferrocarril, porque cada tren traía enormes cargamentos de víveres, mercaderías y bebidas, cuyo acarreo constituía un verdadero problema para los trajineros.

La víspera del día de paga marcó el comienzo de un singular ciclo de cambio. De los campamentos de nivelación y de tendido, millas al oeste de Benton, llegaron en los trenes millares de obreros. Inevitablemente, al día de paga sucedían varios de inactividad. Era difícil incluso reunir hombres bastantes para echar los piensos y abrevar a los tiros y yuntas. Y, en caso de una incursión india, lo habrían pasado mal a no ser por la fuerza, siempre vigilante. Para los soldados, día de paga no significaba día de asueto.

Una incesante corriente de hombres afluía a Benton del Este y del Oeste, y aquella noche su característico rugido fue alegre, anticipante, subyugador.


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