El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Echándose una capa sobre los desnudos hombros, Beauty Stanton salió por la puerta excusada de su domicilio, quedándose un instante anhelosa y expectante, en la desierta y sombrÃa calle.
No tenÃa idea del motivo que la impulsara a detenerse asà cuando su deseo era echar a correr. Mas en cuanto salió a la fresca noche parecieron suspenderse sus facultades de acción y de reflexión. Las extrañas sensaciones circundantes actuaban sobre ella…, la oscuridad, el viento gimiendo sobre las casas, el fragor de Benton, el apagado y musical murmullo a sus espaldas y, más extraño aún que todo, el inefable dolor de su corazón, el hondo escalofrÃo como de gozo jamás hasta entonces sentido y causado por una fÃsica sensación de contacto de inexplicable poder.
Un espacio de su desnudo pecho parecÃa vibrar, estremecerse.
—¡Ah! —murmuró—. Esa muchacha… reclino su cabeza aquÃ… sobre mi corazón… ¿Qué podÃa hacer yo?
Echo a andar rápidamente, pero ni teniendo alas habrÃa podido seguir en celeridad a sus pensamientos.
