El Caballo de hierro
El Caballo de hierro No se equivocaba Neale al decir a los ingenieros que una vez tomadas las coordenadas de la garganta y afrontados los empinados declives del lado opuesto empezarían sus mayores fatigas.
Se encontraron más adentrados en los cerros de Wyoming, cadena montañosa que ya había ofrecido grandes dificultades para el general Lodge en anteriores viajes de exploración y en la que aún no se había descubierto paso alguno.
El antiguo «camino de St. Vrain y Laramie» serpenteaba por la falda de esas laderas y por los valles. Pero era impracticable para un ferrocarril. Habría que hallar un paso con una rasante a lo sumo de quince metros por kilómetro y aquéllas eran montañas de breves cotarros[9], pero muy altas.
Resultó que hubo que abandonar el primer trazado, ya estudiado, por barrancos y a través de la garganta, y estudiar otro que pasara por los cerros. A este fin se trasladó el campamento hacia el Este, a las primeras estribaciones de los cerros de Wyoming. Desde allí, los ingenieros empezaron a ascender hasta alcanzar su enlace con las montañas, donde pareció que quedaban definitivamente detenidos por la Naturaleza.
