El Caballo salvaje
El Caballo salvaje Era una polvareda levantada por caballos en movimiento. Toddy Nokin llamó a sus hijos, uno de los cuales se habÃa adelantado considerablemente con los potros.
—¡Toddy! ¿Quién levanta ese polvo? —preguntó Chane—. ¿Indios?
—¡Uf! —Fue la respuesta del piute. Su penetrante mirada fija en las enormes galgas que habÃan rodado de los cantiles al llano.
Al desviar Chane sus pupilas para ver lo que atraÃa la atención del piute, vio súbitamente a un blanco que se incorporaba detrás de uno de los peñascos más próximos. Reconoció a Horn en el momento en que afianzaba la punterÃa del revólver apoyando un brazo en la roca. Estaba a cincuenta pasos escasos del hijo mayor de Toddy, que iba a la cabeza de la potrada.
—¡Horn! ¡No dispare! —gritó Chane con toda la fuerza de sus pulmones Los jacos no valen ni una gata de sangre derramada.
