El Caballo salvaje
El Caballo salvaje Al esconderse entre los cedros del collado oeste de Stark Valley para atisbar el paso de los desbravadores camino de Wund con los capturados cerriles, Susana Melberne tenÃa plena confianza de sus actos. Su intención era dejar que se perdiesen de vista antes de poner en práctica su desesperado plan. Pero… no habÃa descontado, el efecto que le producirÃa la larga hilera de magnÃficos potros renqueando en tres patas, tullidos muchos de ellos, chorreando sangre algunos, evidenciando todos insólita y terrible tensión.
Chane Weymer era el último de los caballistas. El palmario deseo manifestado en sus maniobras de evitar a los cerriles innecesarios sufrimientos, su vehemente ademán de impotencia cuando, en cierta ocasión, cayó una de los potros… despertaron en Susana impresiones que no tan sólo inclinaron su corazón hacia él, sino que robustecieron su ánimo para la misión que se habÃa impuesto.
—Si padre se entera, es capaz de matarme —soliloquió Susana viendo desaparecer al última jinete de la caballada. Aun no habiendo sido testigo presencial de la brutal empresa, habrÃa tenido arrestos bastantes: para llevar a cabo su propósito. No la habrÃa disuadido nada—. ¿Cómo puede tolerarlo padre? —murmuró—. Será un fracaso. Esos pobres potros están aspeados… ¡Oh! ¡Me gustarÃa hacer lo misma con Manerube y ajorarle[36] a él… a latigazos!
