El Caballo salvaje
El Caballo salvaje Chane sacó a Brutus por el amurallado portal al roquizo laberinto de la región de los cañones.
Proyectaba que fuese la primera de una serie de minuciosas exploraciones de cuantos posibles lugares pudieran constituir una salida, o entrada, de la Meseta del Caballo Cerril; más como no estaba cierto, ni mucho menos, de encontrar a Panquitch en cualquier inesperado momento, iba preparado para el caso. En la silla llevaba dos lazos. Desmontó y tomando del arzón varios sacos que, a prevención llevaba, los cortó en tiras y plegándolos para darles espesor envolvió con ellos los enormes cascos de Brutus. No quería hacer más ruido del indispensable al bajar al cañón, ni dejar huellas de su paso. Brutus le miraba impaciente, mientras efectuó la operación, como si quisiera saber qué tenían de extraño sus cascos. Volviendo a montar, el desbravador siguió su camino.
