El Caballo salvaje
El Caballo salvaje Caracterizó el aposentamiento de la expedición Melberne en sus reales permanentes de Stark Valley un tiempo perfecto, bienvenido cambio a las tormentas y a los vientos de las pasadas semanas. La estación de las lluvias se habÃa prolongado más de lo habitual. Para el desierto era indudablemente ventajoso, aunque duro y desagradable para los desbravadores y cuantos laboran expuestos a los elementos. Pero el mismo dÃa que Melberne decidió acampar en el valle, el maravilloso verano tardÃo, vulgarmente llamado verano indio de Utah, pareció sonreÃrles áurea y purpúrea bienvenida, convirtiendo en un deleite la vida del campamento, especialmente si podÃa consagrarse al ocio parte del tiempo. Susana oyó decir a Loughbridge que lo probable fuera poder contar con un mes, y posiblemente más, de igual bonanza.
Melberne carecÃa de experiencia práctica en la caza de cerriles. Era una empresa relativamente nueva para él, más su energÃa y su vitalidad, combinadas con su indudable ascendiente sobre el personal a sus órdenes, contribuyeron no poco a que saliera bien del empeño. Fuesen cuales fueran sus flaquezas, que más podrÃan calificarse de susceptibilidad a la sugestión, en cambio, se negaban a recibir órdenes de Loughbridge.
