El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Texas Joe parecÃa irse comprimiendo. Soltó tan súbitamente a Reddie, que ella se dobló y estuvo a punto de caer, con la mano en el cuello de su blusa.
―¡Mala peste te dé! ―jadeó Texas, mientras su pálido rostro se tornaba rojo―. Haciéndote pasar por un chico… ante todos… y dejando que yo te pegara, y…
―¡Dejar que usted me pegara! ―le cortó Reddie con el rostro más encendido que el suyo―. Bruto de los diablos. ¿Qué iba a hacer si no pude evitarlo?
―¡Y todos estos reniegos en el campamento, y este lenguaje indecente ante una mujer…! ¡Santo Dios! ¡Ha hecho usted algo terrible, miss Reddie Bayne!
―Me lo figuro; pero han sido esos malditos hombres como él los que me han impulsado a hacerlo ― declaró Reddie, con pasión, señalando con mano temblorosa el cadáver de Wallen.
Con esto, Texas Joe pareció darse cuenta del lado trágico de lo que habÃa ocurrido. Separándose bruscamente de la chica, enfundó su revólver y echó una sombrÃa y extraña mirada al muerto.
―Que lo registre uno de vosotros ―dijo con voz frÃa y cortante―. Luego, arrastradlo hacia allá y echadlo al rÃo… Vamos ahora a ver qué hay por ahÃ. Salgamos de esto.
