El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas El camino que partÃa de Austin terminaba en el rÃo; desde aquà corrÃa un sendero a lo largo de la orilla hacia el Oeste. El viejo Colorado iba lleno, y a esa hora ofrecÃa una vista magnÃfica, iluminado en su gran anchura por las estrellas, discurriendo con un rumor sordo y tétrico. Brite no habÃa encontrado nunca, en sus varias expediciones, una riada como la presente. HabÃa que pasar la manada al otro lado, si ello era humanamente posible. El conductor de manadas preferÃa arrostrar cualquier peligro antes que exponerse a la aglomeración de varias manadas. Se perdÃa aún más ganado en esta confusión que en las grandes desbandadas. Sin embargo, habÃa ejemplos de vaqueros que habÃan perdido manadas enteras en aquellas huidas de terror pánico.
Brite no tenÃa esperanza de encontrar a Ben Chandler. Si aquel vaquero habÃa logrado montar en su caballo, a esta hora estarÃa cerca del campamento; pero tenÃa la inquietante convicción de que Chandler llegarÃa tarde, si es que lograba llegar. En cuanto a Hallett, lo probable era que si se presentaba en el campamento serÃa al amanecer. Brite ardÃa en deseos de participar a Shipman esta información y conocer su actitud. Hallett era capaz, cuando menos, de la más extremada deslealtad. Y ante esto, su acción parecÃa sospechosa.
