El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Los viejos toros de cuernos-musgosos, enormes y fieros, con sus robustas astas en alto, marcharon a la cabeza de aquella masa de ganado en forma de lanza hasta el borde del largo declive. Densamente agrupados, irresistibles en su lento avance, se desarrollaban como una masa de tocones llevados por una corriente.
―Hasta ahora vamos con suerte ―gritó Texas, con júbilo―. ¡Ya está hecha la punta! Si acometen el rÃo asà en forma de cuña, el cruce del mar Rojo por Moisés quedará reducido, en comparación, a una nonada.
―Órdenes, Texas, órdenes ―repuso Brite con impaciencia―. No tardarán en echarse sobre nosotros.
―No tengo órdenes que dar, salvo que continúen por la orilla rÃo arriba… Por el amor de Dios, no vaya por la parte de abajo del ganado. Los muchachos han sido advertidos… Ben, tú monta en la galera. Volveremos para pasarla a flote.
