El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Cada día de viaje se iba cargando de una creciente ansiedad. Rastros de caballos indios, vestigios de campamentos en las cuencas de los arroyos, señales de humo en las crestas de las colinas, y flacos mesteños montaraces montados por jinetes medio desnudos que se desvanecían como espectros a lo lejos; esto mantuvo vigilante y preocupado al contingente de Brite durante todo el camino hasta llegar al Pequeño Wichita.
Ordinariamente era un río pequeño, fácil de vadear para el ganado. Pero ahora era un violento torrente, imposible de pasar hasta que terminara la crecida. Esto podía tardar un día o más. Una breve consulta determinó la decisión de buscar un terreno bajo y protegido donde hubiese pasto para el ganado y árboles que defendieran a los conductores en caso de ataque.
Los conductores de la manada que les precedía ―probablemente la que había sido robada por Ross Hite ―no podían haber cruzado y sin duda habían ido río arriba con el mismo propósito. Texas Joe había tomado su decisión. Los búfalos, aunque en grupos dispersos, aparecían por todas partes en la cuenca del río y a lo largo de los recuestos herbosos. Arriba, en la llanura, probablemente cubrirían la tierra.
Texas envió a San Sabe río abajo a hacer un reconocimiento, y él procedió en sentido opuesto con el mismo propósito, dejando a los demás el encargo de atender al ganado.
