El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Los vociferantes y despavoridos ladrones llegaron a tierra, en número de cinco, donde se unieron a uno que habÃa cruzado delante de ellos, y le rodearon como una jaurÃa de lobos, sin duda echándole en cara el ser el causante de este ataque. Señalaron hacia tres caballos muertos y un hombre que flotaba boca arriba.
Habiendo vuelto a cargar el fusil, Texas los encañonó, disparándoles a distancia como vÃa de despedida. La bala golpeó el agua y la arena delante de ellos, haciéndoles retirarse apresuradamente hacia el arbolado.
―¡Vaya! ―exclamó Texas, contento como un chiquillo―. Ha resultado mejor de lo que yo esperaba cuando llegamos aquÃ. ¿Qué dices tú, Hash?
―No tan bien como yo quisiera. Pero no del todo mal, sin embargo ―repuso Hash Williams―. Llevan tres caballos de menos y no he visto a ninguno de sus jinetes salir a tierra.
―Hay un hombre herido en aquel grupo ―afirmó Texas―. Yo mismo le di.
―MÃster Brite, volveremos a conducir su manada antes de cruzar el Rojo ―dijo el cazador―. De aquà en adelante daremos caza a esos ladrones como si fueran búfalos. Tendrán que dejar la manada o palmar. Eso es todo. Supongo que aquel tipo alto en el caballo bajo era Hite, a juzgar por como le gritaban.