El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―La brisa está soplando ya. Con la lluvia soplará un fuerte viento ―repuso Texas.
Atad algo blanco a vuestros sombreros, dejando las puntas sueltas para que floten al viento.
―¿Blanco? ―respondió Pan Handle secamente.
―¡Ya está! ―añadió Texas.
―Muchachos, es una idea espléndida ―intervino Brite, seriamente―. No darÃa lugar a error.
―¿De dónde vamos a sacar ese algo blanco? ―preguntó Texas―. En este equipo sucio, serÃa como buscar una aguja en un montón de paja.
―Ann tiene una toalla blanca limpia ―repuso Reddie. ―SÃ, es verdad ―dijo la chica con entusiasmo―. Voy a buscarla.
Cuando el artÃculo fue colocado en manos de Texas, éste empezó a rasgarlo en tiras.
―Vaya, Reddie, me has salvado la vida. Tengo el mayor interés en que este diablo de Pan Handle descubra rápidamente y con certeza que yo soy Tex Shipman… ¡Ea!; anudaremos dos tiras juntas, y luego ataremos la doble pieza alrededor de los sombreros… Toma, Reddie, coge aquÃ.
Ella obedeció, y cuando él inclinó la cabeza, arrolló con mano torpe la larga cinta a la copa de su sombrero. A la luz de la hoguera, su rostro aparecÃa blanco como la toalla.