El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Lo asombroso para Brite era el como Reddie permanecía inmóvil sobre las rodillas del vaquero, tensa como una duela doblada. Sin duda, la pobre se había quedado petrificada de horror y ansiedad. Brite intentó soltar de golpe alguna frase que detuviera a Texas en su acción. Pero la vista del rostro de aquel valiente con su expresión de malvado regocijo, paralizó su voz.
―Pan Handle ―inquirió Texas ―; ¿eres tú partidario de que se debe castigar a los chicos rebeldes?
―Seguramente, como principio general ―opinó Smith ―Pero no veo que Reddie haya hecho más que enseñar la oreja.
―En efecto. Pero si no le atajamos a tiempo nos va a impedir conducir el ganado, con sus modales y sus palabras.
―Dale un par de coscorrones, Tex ―dijo Lester ―Reddie no es mal chico, a mi ver; pero está muy mal criado.
Texas levantó una ancha, curtida y poderosa mano.
―¡Shipman…, no… no se atreva a pegarme! ―gritó Reddie con voz sofocada.
