El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque El caballo de Elena la siguió sin necesidad de estÃmulo. Estaba excitado. TenÃa las orejas tiesas. Algo flotaba en el aire. Elena no habÃa estado nunca por allà y el caballo de Bo corrÃa tanto que era casi imposible seguirle. Atravesó pantanos, ciénagas, matorrales, cerros y collados. Cruzó bosques tan espesos que el caballo apenas si podÃa pasar entre los troncos de los árboles. Por fin encontró a Bo escudriñando y escuchando. Elena se le acercó creyendo haber oÃdo al perro.
—¡Mira, mira! —exclamó Bo dando tal grito que el caballo, asustado, inicio una empinada.
Elena dirigió la vista al lugar que su hermana le señalaba y vio con terror un enorme oso que avanzaba pesadamente ladera abajo.
—¡Es un oso gris! —exclamó Bo, presa de gran agitación—. ¡Matará a Pedro! ¡Oh! ¿Dónde estará Dale?
—Bo, este oso se nos acerca. Es preciso que huyamos —dijo Elena casi sin poder respirar de miedo.
—No es posible que Dale esté cerca. No tiene tiempo para ello. ¡Oh, cuánto desearÃa que estuviese aquÃ! ¡No sé qué hacer!
—Retrocedamos. Por lo menos esperemos el regreso de Dale a respetable distancia del oso —propuso Elena. Pero Pedro no era de esta opinión, porque se removió en la maleza dando furiosos ladridos que probaron que el animal estaba no muy lejos de las muchachas.