El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No he podido descubrir ninguna huella ni señal por el Norte que me permitiera pensar que ella habla pasado por allà —contestó Roy apeándose del caballo y echándose la brida alrededor del brazo—. He vuelto por ver si descubro desde el corral huellas que pueda seguir. Al venir he visto a Las Vegas, que me ha hecho señas con el sombrero. VolvÃa del lado sur. Aquà le tiene usted ahora.
Carmichael apareció, en efecto, por el sendero, montado en Ranger, el gran caballo negro de Elena.
—Es seguro que la ha visto —garantizó Roy, con alegrÃa en cuanto vio a Carmichael.
—Señorita Elena, su hermana viene hacia aquà —dijo el cowboy deteniendo su caballo y apeándose con un movimiento rápido y elegante.
En seguida, con uno de sus caracterÃsticos impulsos, tiro con fuerza el sombrero al suelo y elevo las manos.
—Ya me lo temÃa —dijo.
—¿Qué? —exclamó Elena.
—Las Vegas, no nos alarmes inútilmente —aconsejo Roy—; piensa que la señorita Elena está hoy muy nerviosa. Di, ¿ha sucedido algo?