El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Al ponerse el sol la selva estaba solitaria. El mayor silencio reinaba en ella. Dulce perfume de abeto y flores campestres saturaba el aire. Todo era áureo, colorado o verde. El único hombre que avanzaba entre los copudos árboles confundÃase con ellos en medio de un derroche fantástico de colores.
Los últimos rayos del sol poniente teñÃan de arrebol la cima de Old Baldy, la más alta de todas las Montañas Blancas. A los pies de esta montaña, de unos tres mil metros de altura, se extendÃa, rodeada y aislada por desiertos de Arizona, una inmensa región de tupidos bosques y agrestes y frondosos montes, mansión de alces y ciervos, osos y pumas, lobos y zorras, domicilio y refugio de los apaches.
En aquellas altitudes la brisa frÃa que comenzaba a soplar en septiembre después de ponerse el sol, refrescaba súbitamente el ambiente, trayendo en volandas el crepúsculo y los sonidos lejanos, imperceptibles pocos minutos antes.
