El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque John movió la cabeza dubitativamente al mirarles.
—¡Y decÃas que llegarÃamos a Pine a la caÃda de la noche! —dijo—. Mira esos caballos y calcula lo que tardaremos todavÃa en llegar. ¿Cuánto nos falta?
—Unas cincuenta millas —contestó Dale.
—Pues ¡a saber si estos caballos tendrán fuerzas para recorrerlas!
—La verdad es que les hemos hecho trabajar hoy más de lo debido.
Antes de salir el sol volvieron a ensillar los caballos y pusiéronse de nuevo en marcha. A medida que iban descendiendo, la vegetación iba siendo más tupida y frondosa. Pronto comenzaron a ver ardillas, pavos, gamos y demás fauna de los bosques. Esto obligo a Dale a llamar varias veces al puma, propenso a dar caza a algún animal.
—Tom es poco andador —dijo Dale—, pero tengo ahora interés en que nos siga; ¿quién sabe si podrá prestarnos algún servicio?
—Quizá pueda verdaderamente ayudarnos —objetó John—, porque aun cuando a mà no me han asustado nunca las fieras, hay muchos hombres, valientes en ocasiones, pero incapaces de conservar la serenidad delante de un felino, y podrÃa suceder que Beasley y los suyos tuvieran más miedo de este animal que de nosotros.