El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Se callará usted ahora? —preguntó el energúmeno, rojo de ira.
—No —manifestó Bo con asombrosa sangre frÃa—. Usted me ha atado y me ha golpeado. Lo único que le falta es coger una estaca y deshacerme a golpes. ¡Hágalo!
Snake Anson habÃa suspendido su partida de cartas, para escuchar con expresión mitad divertida, mitad enojada. Jim Wilson púsose lentamente en pie, seducido por la escena, pero tan reconcentrado, con todo, en sus propios pensamientos, que una vez desato las cintas de su blusa sin darse cuenta de ello.
Riggs volvió a descargar el puño sobre la cabeza de la muchacha, pero esta vez ésta hizo un esguince y el golpe no la alcanzó.
—¡Bandido! —clamó la muchacha—. Ah, si tuviese un revólver a mi alcance.
La belleza trágica de aquella cara pálida y de aquellos iracundos ojos impresionó a Snake Anson hasta el punto de decidirle a intervenir en favor de la muchacha.
—¡Harve Riggs! —dijo—. No maltrate usted a esa mocosa. ¿Qué gana con ello?
—¿Le he insultado yo a usted alguna vez, ni a ninguno de sus hombres? —preguntó Bo al jefe de la banda.
—No —respondió Snake Anson.