El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Riggs sacudió la cabeza. Estaba muy pálido y el sudor le corrÃa abundantemente por la cara. Sus crenchas le caÃan empapadas por encima de la frente. Sus maneras eran las del hombre que súbitamente comprende que se ha metido en un mal asunto.
—Claro que sà —corroboró Bo—. Vino de mi mismo pueblo y nos conoce a mi hermana y a mà desde hace muchos años.
Snake Anson se volvió a mirar a Wilson.
—Jim, esto que sucede es muy extraño —dijo—. Ya me parecÃa a mà demasiado joven esta muchacha. ¿No te acuerdas de que Beasley nos dijo que Elena Rayner era una mujer muy bonita?
—Perdón, Anson; si esta joven de aquà no es preciosa es que yo tengo un gusto muy raro.
—¡Ah, va salió el galanteador! —arguyó Anson, con ironÃa—. FÃjate que tu contestación no me saca de dudas, ni me da a conocer tu opinión.
—Mi opinión es clara, porque conozco a Elena Rayner y puedo asegurar que no es esta joven de aquÃ.