El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Los cinco jóvenes conversaron largo rato exponiendo, examinando y rechazando las ideas aportadas por cada uno de ellos. La mayor parte de ideas aceptables fueron expuestas por Dale y Roy Beeman. Unos cazadores como ellos tenían forzosamente que prestar gran atención a todos los detalles. Iban a hacer frente a una situación ardua y difícil en la que era de todo punto imposible prever el giro que tomarían los acontecimientos. Era preciso dar un gran rodeo para llegar a Magdalena sin ser observados. ¿Cómo rescatarían a una muchacha que desconfiaría de ellos y que se obstinaría en tomar la diligencia? Tal vez sería menester rescatarla a viva fuerza. Habría, después, la lucha, la inevitable persecución, la huida al bosque, y por último, la entrega de la muchacha a Auchincloss.
—Basta por hoy —dijo John—. Ahora, a dormir, que ya no tenemos nada más que hablar.
Desdoblaron sus petates, compartiendo Dale las mantas de Roy, y pronto quedaron dormidos, mientras el fuego se iba extinguiendo lentamente y el viento cesaba hasta dejar la selva sumida en el mayor silencio.