El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Oh! Si Dale me devuelve a mi hermana, ¿qué me importa a mà entonces este rancho?
—Entonces le importará más que nunca —repuso intencionadamente el mormón—. Dale ya no volverá a las selvas.
Aquel mismo dÃa, antes de terminarse la mañana, el equipaje que Elena habÃa dejado empaquetado en el rancho fue depositado en el porche de la casa de la viuda Cass. Esto le permitió asearse un poco.
Con gran sorpresa por su parte, Elena tuvo que recibir las visitas de muchas personas del pueblo que se le acercaron movidas por su espÃritu curioso y el afán y la necesidad de dirigirle mil preguntas, no todas discretas. Elena pudo comprobar que las mujeres de los hombres dominados por Beasley pensaban, en su mayorÃa, que nada bueno podÃa seguirse de aquel despojo. Elena terminó el dÃa más valiente y más confortada.