El Jinete misterioso
El Jinete misterioso Cuando BenjamÃn Wade hubo traspuesto el lindero del bosque se encontró con toda la comarca de Peñas Blancas delante de sà a la hora en que las luces acusaban mejor los relieves y las tonalidades del paisaje.
—¡En mi vida he visto mayor hermosura! —exclamó deteniendo su caballo.
El sol, desde su ocaso, enviaba sus rayos de oro y fuego a las pendientes de las colinas. Diseminados por aquella inmensidad salvaje, varios grupos de álamos coronaban las alturas, o bordeaban algún curso de agua que reflejaba fantásticamente los purpúreos y brillantes rayos del sol. Una niebla sutil envolvÃa el valle. El rancho de Peñas Blancas quedaba oculto a la vista, con gran parte del terreno bajo en donde estaba enclavado. Los picachos de las cumbres se levantaban como vigÃas iluminados por los últimos destellos de luz. Los colores cálidos del otoño adquirÃan su máxima belleza en aquella hora encantadora. La oscura frondosidad de los bosques contrastaba de un modo maravilloso con el claro color de las peñas.
