El Jinete misterioso
El Jinete misterioso Un espÃritu nuevo, poderoso, irreprimible, animaba a Margarita. Hasta las misteriosas profundidades de su alma habÃa llegado la chispa precursora de un gran incendio y cuando la infeliz salió de aquellos momentos de estupor, se encontró con una gran pasión en su alma.
—¡Oh, BenjamÃn! —exclamó abriendo y elevando los brazos como si pretendiera abrazar los mismos cielos—. ¿Tendré fuerzas suficientes para resistir?
—¿Para resistir qué? —preguntó Wade.
—Para resistir estos impulsos de mujer que se han despertado en mÃ.
—Ninguna joven ha vuelto a la infancia una vez se ha despertado en ella la mujer —contestó él con un dejo de tristeza en la voz.
—QuerÃa morir, y ahora deseo vivir, luchar… BenjamÃn, usted me ha devuelto la salud del alma. Débil y sola, creo que muchas veces esperaba como en sueños la persona que habÃa de hablarme como usted lo ha hecho. Parece como si yo le hubiese conocido en algún otro mundo antes de conocerle en la tierra, y mientras usted me hablaba, del mismo modo que hubiera podido hacerlo mi madre, mi corazón saltaba de alegrÃa como en presencia de un antiguo amigo. ¡Oh, qué sentimientos a la vez bellos y extraños ha suscitado usted en mÃ!
