El Jinete misterioso
El Jinete misterioso La ocasión que Benjamín Wade buscaba se le presentó antes de lo que él hubiera podido imaginar.
Al llegar al rancho de Peñas Blancas vio a Jaime Bellounds perezosamente sentado en el pórtico. Como estaba solo, Wade creyó llegado el momento de trabar conversación con él.
—¡Hola, Bellounds!, ¿quiere usted hacer el favor de ayudarme a descargar esta carne? —le dijo.
—¿Por qué no? —contestó el joven levantándose y disponiéndose a ello.
Wade condujo la acémila a la puerta de una pieza contigua a la cocina, en donde se guardaban las provisiones. Allí, con ayuda de Jaime Bellounds, descargó la carne y la colgó en varios ganchos. Una vez terminada esta operación, púsose a la obra cuchillo en mano.
—Esto necesita todavía un poco de arreglo —dijo disponiéndose a escamondar algún trozo.
—Wade, fuera de mi padre, no he visto a nadie que sepa descuartizar un alce tan bien como usted —dijo Jaime Bellounds.
—Sí, tengo cierta habilidad para algunas cosas.
—¡Cierta habilidad! —exclamó Jaime—. Ya me gustaría a mí tener la habilidad que usted tiene para todo. Yo sé montar; pero nada más. Nadie me ha enseñado a hacer ninguna otra cosa.
