El Jinete misterioso
El Jinete misterioso El cazador no recibió ninguna herida grave y, con la ayuda de Jaime Bellounds, llegó sin dificultad a la cabaña de Luis, en donde tuvo que permanecer algún tiempo, obligado por la pérdida de sangre. Jaime Bellounds regresó al rancho de su padre.
Al día siguiente, Wade envió a Luis con una acémila a enterrar a los muertos y recoger las prendas que dejaron en el teatro de la refriega. La noche de aquel mismo día volvió Luis a su cabaña, acompañado del juez Burley y de dos auxiliares suyos que habían hecho, por su parte, buen número de gestiones y pesquisas. Habían seguido las huellas de los caballos desde el manantial próximo a Gore Peak hasta el lugar de la sangrienta pelea. Burley se incautó de la gran cantidad de oro recogido, diciendo que los compradores de ganado reconocerían probablemente las monedas.
Aprovechando un momento en que los demás estaban a cierta distancia y no podían oírle, Burley se acercó a Wade y le dijo en tono confidencial:
—En la cabaña había contigo otro hombre además de los que quedaron muertos. Y ese hombre te ha acompañado hasta aquí después de la lucha.
—¡Tú sueñas, Joaquín! —replicó Wade.
El juez sonrió y en sus ojos brilló el interés, la curiosidad y la sorpresa.
