El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos La aparente sumisión de Monty databa de aquel preciso instante. Aceptó la apreciación que de él hizo Rebeca: la de un simple gañán alquilado. Monty creía tener un método especial para tratar a las mujeres, pero era evidente que dicho sistema jamás había sido utilizado con aquella arrogante joven mormona.
Monty hizo honor a su alardeo de ser muy ducho en el arte de ordeñar vacas. Ello constituyó una gran sorpresa para Rebeca, aunque no adivinó que él se dio cuenta de su asombro. Por otra parte, Monty nunca la miraba cuando sabía que ella lo hacía a su vez; tampoco le dirigía la palabra ni parecía percatarse de que se hallaba en presencia de una digna representante del sexo femenino.
Monty sabía perfectamente que su porte no correspondía al del dócil vaquero que quería representar. La muchacha se daba cuenta también de dicha circunstancia y se mostraba perpleja; era notorio que para ella eso era una novedad. Primeramente le pareció a Monty un caso habitual de antagonismo entre una persona de credo mormón y un gentil; pero, con respecto a la señora Keetch, él jamás lo había notado, y ahora cada vez menos por lo que a la chica se refería.
