El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos Monty titubeaba acerca de la contingencia a la que se había obligado, pero, por otra parte, iba a cumplirla gustoso, por cuanto la señora Keetch sentiríase encantada y desahogada. Evidentemente, la buena mujer recelaba de su revesada hija.
Y así vino el día en que Rebeca se fue a Kanab en compañía de las Tyler, madre e hija, en la inteligencia de que regresaría al hogar de camino con Monty, en la carreta de éste.
El recorrido le ocupó a Monty un día entero, y era abundante en desniveles. El joven no creía poder efectuar los cincuenta kilómetros aproximadamente a cubrir en la jornada de retorno, desde luego, en horas diurnas, a menos que abandonara Kanab muy de madrugada. Y ya en este momento tenía la certeza de que Rebeca Keetch jamás consentiría en partir a tan insólita hora. No obstante, la etapa prometía ser pródiga en lances, tanto, que la sempiterna osadía de Monty se regocijaba ante lo que parecía ser un azaroso y divertido acaecimiento.
