El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos Amaneció una nueva jornada, la segunda desde que salieron de Kanab, y Monty condujo a la caravana en dirección a White Sage. A mediodía abandonaron la población, y ya mediada la tarde estaban de vuelta al rancho «Canyon Walls», fin de un viaje que le quitó las ganas de reemprenderlo en parecidas circunstancias. Se apresuró a descargar las carretas, ante la mirada aprobatoria de la señora Keetch.
—Bien, señora, me parece que he cumplido con todo lo que me encargó. Sólo que ayer por la mañana nos fue imposible salir temprano, y hemos tenido que acampar una noche.
—¿Cuál fue la causa? —inquirió la mujer, preocupada al parecer.
—Bien, son varias, aunque la más importante fue que los nuevos arreos no ajustaban bien.
—No debiste permitir que Rebeca pasara una noche fuera de casa —insistió la viuda, con severidad.
—No veo el modo como pudo evitarse —se defendió Monty, con suavidad—. Supongo que no deseaba usted que reventase a las bestias.
—¿Encontraron a alguien en el camino? —demandó la viuda Keetch.
—Ni a un simple pastor, señora.
—¿Se pararon en White Sage? —insistió.
—Lo justo para proveernos de agua, y tampoco nos tropezamos con alma viviente allí —explicó Monty.
