El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos A la mañana siguiente, Monty encontró insoportable el quehacer en el campo. Vagaba de un lado para otro como un poseso, y al fin determinó aislarse en su cabaña. Faltaba muy poco para la comida del mediodÃa. Rebeca canturreaba mientras se preparaba a disponer la mesa. La señora Keetch, sentada en su mecedora, se ocupaba en labores de aguja. El ambiente parecÃa sereno, apacible.
Monty respondió a la tÃmida mirada de Rebeca, tomándola de una mano y conduciéndola ante su madre.
—Señora —comenzó, aclarándose la garganta antes de hablar—. Ya sabe lo que siento por Rebeca desde hace algún tiempo. Al parecer, ella también me quiere. Si me pregunta cómo ha ocurrido todo esto, le diré que no puedo explicarlo. Lo que sà sé es que me parece la cosa más maravillosa del mundo… Y ahora le pregunto, más bien porque atañe a Rebeca, qué hemos de hacer para solucionar este embrollo.
—¿Es eso cierto, hija mÃa? —inquirió la viuda Keetch mirando a la pareja con rostro sereno y sonriente.
—SÃ, madre —contestó Rebeca.
—¿Quieres a Sam, entonces?
—¡Desde luego que sÃ, madre!
—¿Cuánto hace que le amas?
—De siempre, creo yo, aunque no lo supe con certeza hasta junio.
