El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos La opinión que se formó Vaughn antes de llegar al rancho de Glover era que Rosita Uvaldo se había fugado, probablemente con alguno de los muchachos con el cual su padre le hubiese prohibido salir. En ciertos aspectos, Rosita se parecía a la ostentosa hija de un orgulloso caballero español; en esencia, había nacido y recibido instrucción en tierras yanquis, pero tenía esa predisposición heredada que bien pudiera haberla inducido a romper con los lazos del convencionalismo. El propio Uvaldo había sido peón en su juventud; cualquier tejano podría haberlo adivinado viéndole montar a caballo.
En la casa de Uvaldo reinaba gran consternación. Vaughn no pudo sonsacar nada de los afligidos familiares, excepto que Rosita había dormido en su cuarto aquella noche y que se levantó por la mañana muy temprano para salir a dar su cotidiano paseo a caballo. Los mejicanos suelen tener un temperamento altamente excitable, y Uvaldo no era una excepción. Vaughn no pudo obtener gran cosa de él. Rosita no tenía permiso para pasear a caballo sola, cosa que asimismo extrañó a Vaughn. La chica no podía ir a ninguna parte sin compañía; eso era, ciertamente, muy distinto a la libertad que se concedía a las muchachas tejanas. Sin embargo, ninguna joven yanqui con buen sentido se atrevía a ir al otro lado del río.
