El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos Jake había encajado tan duro castigo, que se vio obligado a guardar cama durante una semana, en cuyo transcurso solamente toleró la visita de su madre. En verano y otoño, él y Verde dormían siempre en el desván, encima del porche. Verde no había descansado en él desde hacía varios días.
Durante esa semana de dolor y de bochorno, la mente de Jake estaba como paralizada; no era más que un caos negro y siniestro. Era incapaz de pensar en nada que no fuese el hecho de haber sido terriblemente vapuleado ante una muchedumbre de sus paisanos y, sobre todo, en presencia de Kitty Mains. Ella le había visto tendido en el lodo, derrotado a manos de Verde. Su desfigurado rostro ardía por el simple recuerdo. Sus manos, repletas de cicatrices, se abrían y cerraban, en impaciente y nerviosa crispadura.
Cada vez que su madre entraba en la pieza, Jake volvía el herido rostro hacia la pared de troncos. La solícita mujer le llevaba alimento y bebida, que él muchas veces rechazaba, hasta que al fin se hacía el propósito de probar. La madre había dejado ya de importunarle con sus alusiones a Verde. Eran perfectamente inútiles.
