El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos Sólo existía un acceso a la Garganta Negra que Jake fuera capaz de descubrir. Aquel sendero de cabras, tortuoso, que recorría diversas laderas en sus cinco kilómetros de longitud, estaba al alcance de un piel roja o de un joven blanco de gran agilidad y probado coraje. El resto era muy difícil de transitar, y poco menos que inabordable. Prueba evidente de ello era que la Garganta Negra acogía sólo algún que otro venado y que jamás oso alguno se había aventurado en ella.
En tanto que la ascensión duraba varias horas, en esa senda que Jake conocía, la bajada ocupaba un tiempo relativamente mínimo en comparación. Yendo a pie, Jake era capaz de llegar hasta el fondo en menos de quince minutos. Eso, naturalmente, recurriendo al arriesgado ejercicio de hacer el trayecto deslizándose por la ataluzada ladera. Pero ahora, con la montura y la bestia de carga, Jake tomaba sus precauciones, procurando que él y sus animales no se distanciasen en demasía. Por fin, el caballo de silla tomó la delantera; la acémila resbaló varias veces, y ello le supuso una pérdida de tiempo para reajustar los atalajes y las alforjas.
