El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos Un vaquero de elevada estatura salió a grandes zancadas de la oficina de Correos, con gran estrépito de espuelas, y se dirigió en derechura hacia sus tres camaradas que cruzaban la ancha calle después de abandonar la taberna que habÃa enfrente.
—Mirad —dijo, agitando una carta bajo sus narices—. ¿Quién de vosotros, cuernilargos, ha escrito a la muchacha otra vez?
El trÃo de oyentes, apático y festivo, se quedó turbado de repente, trocando el desconcierto en pronta y vehemente curiosidad. Miraron con asombro la caligrafÃa del sobre.
—¡Tex! —exclamó Andy Smith, mientras su delgado rostro apuntaba una sonrisa—. ¡Soy un pillastre si esa carta no viene de Missouri!
—Pues es cierto —declaró Nevada.
—¡De Missouri! —repitió Panhandle Ames como un eco.
—¿Y bien? —inquirió Tex, casi resoplando.
Los tres vaqueros pasearon la mirada desde Tex a los otros compañeros, y de nuevo a Tex.
—Es de ella —prosiguió Tex. Su voz subió de tono en el pronombre—. Todos conocéis la letra. ¿Qué hay del trato? Prometimos no volver a escribir a esa maestra de escuela, pero alguno de nosotros ha engañado a los demás.
