El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos La actividad en la escuela siguió como antaño, y los vaqueros mudaron de actitud hacia la joven maestra de modo perceptible; Springer también recuperó parte de su habitual cortesía, pero Jane echaba algo de menos, tanto en su ocupación como en el trato de ellos. Su corazón se entristecía por el modo en que se había transformado todo a su alrededor. ¿Volverían las cosas a su antiguo cauce? ¿Qué había ocurrido? Ella sólo era una chica de la ciudad, quizás un poquitín sentimental y poco habituada a esas rústicas gentes del Oeste. Al fin y al cabo, creía no haberlos defraudado, al menos en cuanto a gratitud y afecto, aunque al parecer ellos jamás lo advertirían.
Un buen día, Jane decidió salir sola a caballo en dirección a las colinas. Se olvidó del riesgo que entrañaba la excursión y de las advertencias de los vaqueros. No quería más que estar a solas y meditar, pues sentíase muy desgraciada. El trabajo en la escuela, los niños, los amigos que se había procurado, incluso su caballo, por quien sentía gran devoción, todo esto era ya insuficiente para ella. Algo extraño le había acontecido. En vano intentó persuadirse de que acaso sintiera nostalgia o simplemente que su salud no fuese tan buena como imaginaba; de todos modos, no era fiel a sí misma, y lo sabía.
