El policia rural y otros relatos

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Capítulo V

El rufián se hallaba fuera del alcance de las codiciosas manos de Vaughn. El mejicano se irguió en la silla con una expresión de curiosidad en su trigueño rostro. El rural no estaba muy seguro, pero podía apostar que Juan no se había percatado de sus intenciones. Estrella era un animal muy brioso y a Vaughn no le agradaba el caballo del mejicano, al que subieron contra su voluntad y ensogaron los pies en los estribos.

Entre ambos hombres mediaban algunos pasos de distancia. Si Vaughn hubiese estado en condiciones de arrojarse sobre su rival, sin duda lo hubiera llevado a cabo sin tardanza.

Tuvo que reprimir su impaciencia, y de nuevo se puso a frotarse las muñecas. Luego extrajo del bolsillo el lápiz y la libreta de cheques. No era simulación el esfuerzo que hizo para extender el documento a nombre de Juan Mendoza por la cantidad de tres mil cuatrocientos dólares, balance a su favor de la cuenta con el Banco de El Paso.

—Helo aquí, Juan, y ojalá que algún día un gringo trate a tu chata como tú lo haces ahora con la señorita Uvaldo —dijo Vaughn, haciendo entrega del cheque al mejicano.

—Gracias, señor —respondió Juan sin apartar sus negros ojos del papel coloreado—. ¿La hija de Uvaldo es su chata?


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