El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos Vaughn contemplaba las amarillentas aguas que dividían Méjico de su Estado natal. Tenía excelentes motivos para sentir odio hacia esa inmunda corriente acuática y por la ardiente tierra allende la misma, en la que pululaban los mosquitos y donde parecía que el cacto era la planta soberana. Le agradase o no, un día no lejano tendría que volver a esa demarcación para proceder al arresto de algún renegado, recobrar ganado robado o luchar con Quinela y su pandilla de forajidos, a quienes se suponía merodeando por territorio tejano. Vaughn compartía con sus coterráneos el enorme desdén hacia todos aquellos que habían tenido la infortuna de nacer al otro lado de la divisoria. Su padre había luchado en dos guerras por el Estado de Tejas, y el hijo heredó la convicción de que los mejicanos eran sus enemigos naturales. No obstante, reconocía que ello era cierto sólo en parte; Villa le era conocido de antiguo, y además Vaughn había peleado codo a codo con gentes a quienes debía mucho, tal vez la vida en más de una ocasión, como a Martiniano, por ejemplo, considerado como uno de los mejores vaqueros de Tejas.
