El policia rural y otros relatos
El policia rural y otros relatos Cuando los peones divisaron al escurridizo rural estalló entre ellos una barahúnda de sonidos guturales. ¡Pero ni un solo disparo rasgó el aire! En media docena de zancadas, Estrella aceleró su andar, y en pocos segundos se perdía por una curva del sendero, a cubierto de un posible tirador. La preocupación de Vaughn por la muchacha cesaba paulatinamente.
Al término de un largo tramo rectilíneo, Vaughn se volvió para mirar; si los peones les seguían a caballo, la situación podría llegar a ser muy comprometida. Ni siquiera un animal de las cualidades de Estrella podía zafarse del acoso de cualquier hábil jinete de un rancho mejicano. Con intensa satisfacción comprobó que por el momento no había perseguidores a la vista. Sin embargo, no retuvo la rápida marcha de su cabalgadura.
—Falsa alarma, Rosita —tranquilizó a la muchacha.
Volvió la cabeza para contemplar el rostro de ella, cuya mejilla reposaba en el hombro del jinete. Éste sentíase maravillado ante la realidad de la presencia de la mujer, que no era obstáculo para él ni para su fiel caballo. La muchacha era una amazona consumada, y aun sin apoyar los pies en los estribos se mantenía muy bien en la silla.
—Deje que se acerquen —dijo, y sonreía al rural.
