El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Vengan aquÃ, Gene y Danny. Tengo mucho que decirles —anunció el recién llegado; y cuando los tres se hubieron inclinado sobre él, murmuró dirigiéndose a Sidway—: Tus camiones, compañero, pasaron no hace más de dos horas, y se detuvieron en el garaje grande que está al otro lado de la calle. Sentà una gran curiosidad. Y cuando los seis conductores entraron en el comedor, me dediqué a mirar en el interior de los camiones. ¡Todos vacÃos!… Graves, el nuevo empleado del garaje, estaba aprovisionándolos de gasolina, agua, aceite y aire, y me dijo que iban a quedarse allà quizá durante toda la noche. ¡Qué diablos van a quedarse! Ésos son tus camiones cubiertos de lona, dedicados al robo de ganado. Los conductores han sido citados para esta noche. Gene, van a hacer una de sus fechorÃas en el rancho de usted. Y no tengo inconveniente en declarar que lo van a pasar bastante mal.
El ranchero lanzó unas maldiciones en voz baja, y al sentir que una mano le oprimÃa un brazo, se volvió y vio a Madge, pálida, con los ojos dilatados y echando chispas, muy próxima a él.
—Oye, diablo gasolinero —dijo Danny Mains—. De nuevo vuelves a tu trabajo.
—Starr, tienes algo que decirnos. Desembucha pronto —le ordenó Sidway.