El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Lance avanzó lentamente e intentó ocultar su viva curiosidad. Como fuese, querÃa descubrir todo lo posible acerca de aquel sujeto.
—Buenos dÃas —dijo.
—Tiene usted aspecto de encontrarse un poco apurado.
—Entonces tengo el aspecto que, me corresponde —contestó Lance.
—No he querido molestarle. Andamos buscando a un compañero y he querido hablarle amistosamente. ¿Quiere que tomemos una copa?
—No, hasta después de haber comido algo. —¿Está usted arruinado?
—Arruinado como un perro. Y no he podido encontrar trabajo en este retrasado pueblo.
—Oiga, joven, hay mucho trabajo para los hombres que estén en condiciones de desempeñarlo. ¿SabrÃa usted conducir un camión?
—Señor, sabrÃa conducir dos camiones —contestó Lance vanidosamente.
—¿SÃ? ¿Le agradarÃa echar mano a un papel de un centenar?
—¡Ah! Me parece que me convendrÃa mucho. Por esa cantidad de dinero serÃa capaz de aceptar cualquier género de trabajo. Pero antes querrÃa tener seguridad de cobrar lo convenido —repuso Lance con una carcajada.
